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Thursday, May 28, 2020

HISTORIA DE UN GOLPE DE ESTADO FALLIDO



HISTORIA DE UN GOLPE DE ESTADO FALLIDO
Fuente: Instituto de Libertades

https://institutdeslibertes.org/obama-gate-histoire-dun-coup-detat-foireux/


*El economista y analista financiero francés Charles Gave, considera que el Obamagate es un caso mucho más grave que el de Watergate, ya que se trata de una tentativa de golpe de estado preparado por un grupo criminal que ha tomado el control de las instituciones en Estados Unidos, apoyado en medios de prensa afines cuyo objetivo era (y es) el de desbancar al ganador de las elecciones, Donald Trump.
Por Charles Gave

Noviembre de 2016, Donald Trump es elegido presidente de los Estados Unidos contra todos los pronósticos. Antes de las elecciones se produjeron muchos intentos de desestabilizar su campaña (Carter-Page, Papadopoulos, Malafort, etc.), de los que no hablaré, debido a la falta de espacio. De hecho, me voy a centrar casi exclusivamente en el caso del general Flynn, ya que me parece obvio que iba a ser abatido, ya que, probablemente ninguno como él estaba al tanto de todo.

Antes de presentar los hechos y solo los hechos, primero debo, como en una obra de teatro, enumerar los actores principales y las funciones que desempeñaron.
Todos conocen a Obama y Trump, pero en este caso, los personajes secundarios son igual de interesantes y comenzaré con la constelación de quienes rodearon a Obama.

Aquí está la lista, con sus funciones. Jo Biden, vicepresidente de los EE. UU. Y candidato en 2020 contra Trump. Loretta Lynch, Ministra de Justicia, secundada en sus funciones por Sally Yates, la número dos del mismo ministerio (DOJ) que tiene control sobre el FBI, la policía federal de EE. UU., cuyo jefe en aquel momento era James Comey. La asesora de seguridad nacional era Susan Rice, mientras que el jefe de la CIA era John Brennan y el jefe de las organizaciones de seguridad James Clapper.

Detengámonos en el general Michael T. Flynn. Demócrata, criado en una familia del mismo tenor, gran soldado chapado a la antigua, especialista en inteligencia y acción psicológica, teniente general; o sea con tres estrellas en la charretera, fue nombrado jefe de los servicios de inteligencia del ejército en julio de 2012 por el presidente Obama, cargo al que renunciará en abril de 2014, disgustado por el discurso gubernamental sobre los peligros del Islam militante, así como su aparente indiferencia hacia el poderío ruso.

Se une a la campaña de Trump y tras la elección presidencial es nombrado a puesto de Asesor de Seguridad Nacional. El hombre que susurra al oído del presidente sobre todos los asuntos relacionados con la defensa y la seguridad de Estados Unidos. Huelga decir que, como jefe del servicio de inteligencia militar, debía saber dónde estaban escondidas todas las cacerolas de Libia (Benghazi), Ucrania, Oriente Medio, Siria. Incluyendo la financiación del Estado Islámico por Hilary Clinton para derribar a Assad y va tú a saber en cuántos asuntos más.

 Era, por lo tanto, el hombre que debía desaparecer de la escena, dado que sus revelaciones podrían haber puesto en peligro todo el aparato del Partido Demócrata y haber llevado a varios de sus líderes al banquillo por corrupción (véase el hijo de Jo Biden en Ucrania y China).
Que fueran a por él no era más que una cuestión de tiempo y es así cómo sucedió. Comencemos con la versión oficial.

En diciembre de 2016, el Partido Demócrata en los EE. UU. Denuncia que su servidor central ha sido «pirateado» e informa que los culpables son los servicios secretos rusos, que luego transmitieron la información publicada por Wikileaks; todo esto se presenta como una prueba tendiente a demostrar que los rusos buscaban elegir a Donald Trump. Todas estas afirmaciones se hacen públicas sin que el FBI haya tenido acceso a esta máquina para verificar las acusaciones de los demócratas, lo cual es … increíble y sin precedentes.

El 12 de enero de 2017, después de la elección de Trump, Ignatius, un reportero del Washington Post, publicó un artículo extremadamente comprometedor sobre el futuro presidente Trump, quien, durante una visita previa a Rusia, se habría dejado llevar por algunas fantasías sexuales en Moscú. El mensaje estaba claro. Putin poseía suficiente información sobre Trump como para obligar al nuevo presidente de los Estados Unidos a hacer lo que se le antojase.

El 24 de enero, el general Flynn, que asumió el cargo en la Casa Blanca el 20 de enero anterior, recibe una llamada telefónica del número tres del FBI Peter Stzrock para preguntarle si él y uno de sus colegas podrían reunirse para conocerse personalmente, lo que el general acepta. Llegan los dos compadres y le hacen algunas preguntas sobre una llamada telefónica que le hizo al embajador ruso (por supuesto, la conversación había sido grabada y el personal del FBI tenía las minutas); durante la misma Flynn había transmitido al embajador la intención de Trump de mejorar las relaciones entre los dos países.

Asombrado general dice que no recuerda muy bien, se niega a responder preguntas del FBI, y todos separan como buenos amigos. A los pocos días, sorpresivamente, el FBI acusa al general de haberse negado a responder a las preguntas que se le hicieron. El pobre hombre se ve obligado a renunciar, es llevado a los tribunales, para pagar su defensa se ve obligado a vender su propia casa. Termina declarándose culpable de un crimen que no cometió ante el temor de que el FBI ataque a su familia, concretamente a su hijo.

A estas alturas el caso de Trump parecía visto para sentencia. Un servidor del Partido demócrata pirateado por los rusos para facilitar su elección, un expediente salaz que sugería la posibilidad de que Trump fuera víctima de chantaje por parte de Moscú y un asesor presidencial que envía señales de apaciguamiento a Rusia antes de estar en el poder en Washington. Se ha dicho misa: Trump era un agente al servicio de Rusia.

Visto lo visto, los demócratas piden una comisión de investigación contra Trump. El Ministro de Justicia en ese momento, elegido por Trump, el Sr. Session, un ex senador del sur que había tomado una copa con el embajador ruso un año antes, y del que ya nadie sabrá si se comportó como un idiota, un traidor o ambos al mismo tiempo, se retira del caso y lo confía al número dos del Departamento de Justicia de la época, un Sr. Rosenstein, un hombre de estado profundo por más señas, que ni tardo no perezoso puso en marcha los mecanismos legales que conducirían a la creación de la comisión de investigación «Muller», por el apellido del ex jefe del FBI y gran amigo de Comey, la misma estaba formada solo por juristas del partido demócrata.

Esta comisión envenenará la vida de Trump durante dos años, antes de concluir en 2020 que no se había encontrado nada y que las acusaciones eran infundadas, algo que todos ellos sabían desde el principio.

Primer contratiempo para los demócratas. Pero esto es sólo el comienzo, porque entretanto, el general Flynn había cambiado de abogado porque el FBI seguía empeñado en meterlo en la cárcel durante seis meses a pesar de su «confesión». Realmente preocupado se despide del conocido bufete de abogados que tan mal lo había asesorado hasta ese momento y se pone entre las manos una asombrosa mujer, Sydney Powell. 

La letrada hace correctamente su trabajo y comienza a desenredar la madeja para acabar descubriendo todo el pastel.

A continuación, detallaré la cronología de los hechos tal y como se produjeron.
Descubre que el FBI había puesto al general Flynn bajo vigilancia y escuchas telefónicas tan pronto como se unió a la campaña de Trump en marzo de 2016, lo cual era estrictamente ilegal. También descubre que el FBI, después de nueve meses de escuchar sus conversaciones, concluyó el 4 de enero de 2017 que no se podía culpar al general y que el caso tenía que cerrarse, algo a lo que Peter Stzrock se niega por orden directa de Comey, por lo que el general permanece bajo vigilancia.

Sydney Powell. 
Descubre que el 5 de enero, Obama le pide a Comey que no revele a Trump que el general está bajo vigilancia, pretextando de que no estaba seguro si Trump era o no un agente ruso; lo que Comey acepta, cuando ni él ni tampoco Obama tenían la más mínima evidencia de la culpabilidad de Trump o del propio Flynn. De hecho, Comey continuará obedeciendo a Obama y traicionando a Trump, prevaricando que es gerundio, hasta que Trump lo despide.

Sydney Powell. 
Descubre que el mismo 5 de enero de 2017, tuvo lugar una reunión en la Casa Blanca donde Obama, Biden, Clapper, Susan Rice, Sally Yates, Brennan, Comey están presentes. Al final de la reunión todos deciden tomar una decisión trascendental: hacer lo imposible para derribar a Flynn. ¿Quién da la orden de tenderle una trampa? 

Eso está por saberse. Lo que sí está claro es que el plan ya estaba montado el 24 de enero, fecha de la reunión con Flynn.

La abogada Sydney Powell. tuvo acceso a las notas escritas a mano del agente que acompañó a Stzrock durante la visita. El mismo se interrogaba sobre los objetivos de la reunión, a saber: a) conseguir evidencia para despedirlo, b) meterlo en la cárcel o c) desacreditar a la administración Trump.

La orden de citar a Flynn bajo un falso pretexto venía de Comey, quien se jactó de ello en una reunión pública en la que se registraron sus comentarios. Fue precisamente durante esta visita que estos dos mafiosos tendieron una trampa al general, creando un delito (negativa a responder preguntas del FBI), cuando en realidad el general había acudido de buena fe a una reunión entre servidores del Estado.

Por ejemplo, no le leyeron sus derechos (Miranda), ni tampoco le informaron que podía ser asistido por un abogado. Más aun, es perfectamente legal mentirle al FBI si los investigadores carecen de orden judicial, como era el caso. En realidad, James Comey parecía estar siguiendo las enseñanzas de Beria a Stalin: «Desígneme al criminal que yo me encargo de encontrar las pruebas”.

Sydney Powell. Descubre que James Comey había mostrado el expediente ilegal el 6 de enero de 2017, el día después de la reunión con Obama en la Casa Blanca a Trump y a Flynn sabiendo que era falso de cabo a rabo (lo que demuestran las notas internas del FBI) y que el expediente había sido montado por un agente secreto inglés destacado en Rusia. El hombre recibió la mitad de su salario durante años del Congreso Nacional Democrático (DNC) y la otra mitad la pagaron los fondos de campaña de Hillary Clinton. Todo esto era conocido por Comey, quien sabía perfectamente que la ley electoral estadounidense prohíbe el empleo de extranjeros durante una campaña, algo que hicieron el DNC y Hillary Clinton en este caso.

Por otras fuentes, nos enteramos de que Comey, Clapper, Brennan & Co solicitaron las escuchas telefónicas de una gran parte de los equipos de Donald Trump antes y después del 20 de enero, utilizando este registro falso como justificación. Algo que hicieron a sabiendas de que era falso y sin notificarlo (por supuesto) a los jueces que emitieron los permisos, lo cual es un delito punible con cadena perpetua.

La Cámara de Representantes, dirigida por el Sr. Schiff, un fanático anti Trump, audicionó varias veces a todas estas personas, Comey, Brennan, Claper, Sally Yates, Susan Rice; cuyas declaraciones asegurando que habían visto, con sus propios ojos visto la evidencia de la culpa de Trump, eran retransmitidas durante todo el día por las cadenas de televisión NBC, CBS, CNN, también escribieron artículos para medios de prensa afines como el Washington Post o New York Times, etc.

Las actas oficiales de estas audiencias acaban de ser publicadas por Richard Grenelle, el alto funcionario a cargo de la preservación de este tipo de archivos para gran furia del Sr. Schiff, los demócratas y los medios de comunicación incriminados, ya que en realidad ninguna de estas personas dijo a la comisión haber visto alguna evidencia de la culpabilidad de Trump, porque estaban bajo juramento y corrían el riesgo de terminar en prisión por perjurio. Lo que no les impidió asegurar lo contrario tan pronto como salieron.

Sin embargo, lo más sorprendente es que los republicanos presentes en estas audiencias no hayan filtrado la verdad a la prensa amiga. De lo cual deduzco que Trump no solo tiene amigos en el partido republicano, y que el Estado profundo también lo tiene bajo su yugo (el senador Graham me viene a la mente, no sé por qué).

En estas audiencias, y bajo juramento, el jefe de CrowdStrike, la empresa que manejaba la computadora supuestamente pirateada del Partido Demócrata, dijo que no tenía evidencia de que la computadora fuera atacada, y mucho menos por el Rusos. Por lo tanto, es probable que esto también sea mentira. Si esto es así, ¿por qué Julien Assange sigue en prisión en Gran Bretaña por haber sido cómplice del robo en la computadora DNC, que probablemente nunca tuvo lugar? ¿Y todo a petición del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, una guarida de ladrones? Assange debe ser liberado de inmediato.

Acabamos de enterarnos, el viernes pasado, de que Jo Biden había solicitado y obtenido las escuchas telefónicas, no de los enemigos de los EE. UU., sino de sus adversarios políticos, lo cual es otro crimen.

Lo mismo para Sally Yates, Susan Rice, Clapper Brennan, quienes, concretamente, al final del segundo mandato de Obama, estaban desesperados por saber los planes de campaña de Trump. 

Todas estas escuchas eran ilegales. El senador republicano Rand Paul va a convocarlos a todos próximamente para responder a sus preguntas bajo juramento, incluido el Sr. Biden, quien no parece tener un gran respeto por la Ley y tendrá que venir a explicarse antes de las elecciones en el Senado y ante los republicanos. En mi opinión, la carrera de Biden se detendrá abruptamente, y puede que hasta tenga que pasar una temporada en la cárcel acompañado por sus camaradas del partido. A partir de ahí ¿quién será el candidato demócrata y cómo será nominado? Es la pregunta que me hago.

Y finalmente, la guinda del pastel. El Departamento de Justicia, ha pedido de Sidney Powell que retire todos los cargos contra el general Flynn, lo que no impide que el juez Sullivan, gran amigo de Eric Holder, el ex ministro de justicia de Obama durante años, persista en juzgarlo por un perjurio que nunca cometió. Este debe ser el primer caso en la historia de Estados Unidos en el que la fiscalía asegura que el acusado es completamente inocente y que ha sido, además, víctima de un escarnizamiento judicial; pero que aun así el juez tenga la intención de seguir adelante con la causa. En mi opinión, la Corte Suprema tendrá que intervenir.
Me detengo aquí no por falta de material, podría escribir el doble de lo que ya he escrito, pero he llegado al punto en que no queda nada más por demostrar vistas las abrumadoras evidencias expuestas anteriormente. Agreguemos para terminar que ahora que Flynn ha sido liberado, podrá contarlo todo.

En resumen, este caso es mucho más grave que el Watergate, donde Nixon había tratado torpemente de cubrir a unos inútiles que habían intentado robar las instalaciones del DNC sin que se lo ordenaran. Esto se trata de un intento de golpe de estado, cuidadosamente preparado por un grupo criminal, que había tomado el control de los servicios secretos, el FBI y el Ministerio de Justicia antes del cambio de gobierno, unidos todos con un único objetivo: deshacerse de un hombre que había ganado legalmente las elecciones.

La operación fue cubierta insistentemente por los medios oficiales (CNN, NBC, CBS. NYT, Washington Post) que, por el momento, se niegan a tratar este caso que, es probablemente el mayor escándalo político en la historia de los Estados Unidos. Solo Fox y Breitbart lucharon para apoyar al presidente electo a pesar de los anatemas de los bien pensantes.
A mi parecer, creo que después del Watergate, todos los periodistas (de izquierda) del mundo se han creído que su papel es el de derribar los regímenes “de derecha”; ya que las derechas son malas por definición, todos los medios, incluyendo los criminales están justificados. Actualmente, muchos periodistas creen que destruir a la derecha, justifica todos los medios sin caer en cuenta que es así es como desaparece el estado de derecho.

Y como de costumbre, esta ideología también llegó a Francia años más tarde, lo que significa que padecemos la misma enfermedad. El objetivo de muchos periodistas franceses hoy es pura y simplemente el de destruir a las personas que creen en las ideas de derecha, evitando que se expresen públicamente como sea. Conclusión: ¿Cómo se reconoce hoy los periodistas de izquierda? Sencillo: en que todos están a favor de la censura…

Por lo tanto, estos delincuentes y sus cómplices en los medios de comunicación deben ser llevados a juicio y podrirse en la cárcel por mucho tiempo. Confío en los señores Barr (el nuevo Ministro de Justicia, que me recuerda a un sabueso Droopy basset) y Durham (el fiscal especial elegido por el Sr. Barr, que se me antoja a un hurón) para completar sus investigaciones antes de las próximas elecciones presidenciales; pues si Trump fuera derrotado, todo lo ocurrido quedará impune. El verano será candente, incluso abrasador en Washington y durará hasta principios de noviembre, fecha de las elecciones presidenciales.

Lo último que quiero decir es que el presidente Trump ha demostrado una fuerza increíble y una resistencia asombrosa a lo largo de todo este período. Cualquier otra persona habría salido derrotada o perdido la cordura, lo que me parece admirable. Si es reelegido, no tengo dudas de que los Clinton, y en particular la Sra. Clinton, serán encarcelados junto con el resto de los demás delincuentes que han tratado de fomentar un golpe de estado en los Estados Unidos. Queda la pregunta de qué pasará con Obama, el principal conspirador. ¿Quizás Trump lo perdone por respeto a la institución presidencial? Esto sería un golpe fatal para la inmensa vanidad de ese tartufo santurrón.

Si lo ocurrido se traduce en condenas judiciales, entonces la atmósfera en el mundo volverá a ser respirable y el peligro de guerra retrocederá en todas partes, ya que el estado profundo estadounidense habrá sido destruido. Recordemos que esta fue la primera promesa electoral del presidente Trump. ¡Esperemos que ocurra lo mismo en Francia!
Fuente: Instituto de Libertades

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